Escenario abierto en medio del tira y afloje

Guzmán y Alberto Fernández enfrentan horas decisivas ante el FMI

 

 

La previa del vencimiento de deuda de 731 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) transcurre en un clima de incertidumbre y tensión en la política y los mercados. La débil situación de las reservas internacionales del Banco Central, las versiones del propio Gobierno alrededor del no pago e incluso declaraciones de miembros del oficialismo en ese sentido alimentaron las dudas, que impactaron al alza en las cotizaciones de todos los dólares paralelos, junto al deterioro de los bonos.

Este viernes, el Gobierno definirá si hace frente al vencimiento o si no lo paga y entonces ingresa en una zona de «atraso», lo cual agregaría tensión a la negociación en marcha para obtener un nuevo crédito que permita afrontar el megapaquete de 44 mil millones de dólares que recibió en 2018 el ex presidente Mauricio Macri. En efecto, la decisión de pagar o no tiene que ver con la estrategia en la propia negociación, que por estas horas es frenética.

Hasta ahora, la administración de Alberto Fernández cumplió todos sus compromisos con el Fondo a pesar de la negociación vigente y de haber calificado, infinidad de veces tanto el Gobierno como el propio FMI, como insostenible e impagable para el país el acuerdo de 2018. 

La posibilidad del no pago en las puertas de un acuerdo tiene como último antecedente la situación de septiembre de 2003, con Néstor Kirchner en la presidencia y Roberto Lavagna como ministro de Economía. En esa oportunidad, el país postergó 72 horas el pago de 2900 millones hasta que se cerró un nuevo acuerdo con el organismo, por el cual luego se reintegró esa suma a las reservas.

Horas decisivas

La definición sobre el pago del vencimiento está atada a las señales que ofrezca la negociación, que corre horas decisivas porque encima el martes próximo hay otro vencimiento con el FMI por 368 millones de dólares en concepto de intereses del crédito. Guzmán tiene diálogo constante con la norteamericana Julie Kozack y el venezolano Luis Cubeddu, a cargo de la relación técnica del Fondo con el Gobierno.

Lo cierto es que si el pago no se realiza no se gatilla un default inmediato sino que se abre una instancia administrativa al interior del organismo que demora varias semanas. A medida que pasen los meses, se caerían todas las herramientas financieras de otros organismos internacionales como el Banco Mundial y el BID, y además se afectaría la relación con otros socios del Fondo, por caso hasta China. Mucho antes, la economía local ingresaría en una fase de tensión de otro calibre al visto hasta ahora.

El principal escollo para alcanzar un acuerdo con el FMI, que resolvería el calendario de vencimientos al menos en el corto plazo, sigue siendo la velocidad del ajuste fiscal. El ministro Guzmán expuso en su momento que el Gobierno quería que el equilibrio fiscal se alcance recién en 2027, desde el déficit del 3 por ciento registrado en 2021. Eso evitaría frenar la recuperación en 2022 y 2023, años claves para el oficialismo de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Sin embargo, trascendió que el Fondo quería que el equilibrio se alcance en 2024, lo cual obligaría a aplicar fuertes recortes en el gasto y eliminación de subsidios de forma inmediata. Una vez que se establece el sendero fiscal, junto al de acumulación de reservas y a la evolución de la emisión monetaria, la economía entra en un esquema de monitoreo periódico de parte del FMI como requisito para la liberación del dinero del nuevo crédito. De esa forma se implementan las medidas económicas «acordadas» con el Fondo, un nuevo orden que implica la reducción de grados de libertad de la política.

Las últimas versiones marcan que el Gobierno se estira a 2026 para la fecha límite del equilibrio, aunque el Fondo no cedería más allá de 2025. También habría desacuerdo en torno a los objetivos fiscales parciales de cada año hasta llegar a ese momento. En medio de una negociación, el no pago del vencimiento del viernes no implica patear el tablero y se supone que esa situación se podría digerir mientras se llega al acuerdo, que sigue siendo la idea mayoritaria (aunque no unánime) en el Frente de Todos.

Sin embargo, la profundización del escenario de incertidumbre sigue deteriorando la situación financiera y cambiaria. El dólar blue, el contado con liquidación y el dólar MEP superan máximos históricos y los bonos siguen en caída, lo cual pone más presión sobre la inflación y complica la capacidad crediticia de las empresas. El año pasado, las turbulencias financieras convivieron con una fuerte recuperación de la economía real, pero para este 2022 la situación luce más compleja.

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